
Quisiera ser poeta, ese es mi anhelo.
Nací hambriento y desnudo, sólo cuerpo y alma, un llanto dio mi primera bocanada de aire, reboso aquellos vírgenes pulmones de energía. Mis puños cerrados aferrándose sin más que hacer, mi piel arrugada, sin comprender el rítmico y acompasado sonido de mi pecho, descubrí la pausa de mi llanto en el rítmico pecho de una mujer.
Grande y desmesurado es mi mundo, pero pequeño mi entorno
luche con molinos de viento, tantas veces como la imaginación me permitió,
tuve miedo en mi interior, pero la gallardía de quijote elevaba mi espíritu.
Espada en mano, marcaba huella en el papel, susurrando quejidos y desencantos.
Tantos tintes de trazos en vano, de caminos sin curso ni destino, pero aun así seguí andando, sobre los lomos de interminables libros.
Todo pasaba, sintiendo que la vida se iba alejando, sin espadas, ni armaduras,
ni batallas conquistadas. En caminos sinuosos y quebrados puse pie firme, escuche el viento susurrando, aplaqué mi acompasado pecho.
Dejo a mi costado la pluma y el tintero, tomo la mano que vistió mi alma, transportándome por caminos que jamás había pisado.
Me encuentro humilde más aun que cuando salí del parto,
No tengo más nada que ofrecer, que unos cuantos renglones.
Nací hambriento y desnudo, sólo cuerpo y alma, un llanto dio mi primera bocanada de aire, reboso aquellos vírgenes pulmones de energía. Mis puños cerrados aferrándose sin más que hacer, mi piel arrugada, sin comprender el rítmico y acompasado sonido de mi pecho, descubrí la pausa de mi llanto en el rítmico pecho de una mujer.
Grande y desmesurado es mi mundo, pero pequeño mi entorno
luche con molinos de viento, tantas veces como la imaginación me permitió,
tuve miedo en mi interior, pero la gallardía de quijote elevaba mi espíritu.
Espada en mano, marcaba huella en el papel, susurrando quejidos y desencantos.
Tantos tintes de trazos en vano, de caminos sin curso ni destino, pero aun así seguí andando, sobre los lomos de interminables libros.
Todo pasaba, sintiendo que la vida se iba alejando, sin espadas, ni armaduras,
ni batallas conquistadas. En caminos sinuosos y quebrados puse pie firme, escuche el viento susurrando, aplaqué mi acompasado pecho.
Dejo a mi costado la pluma y el tintero, tomo la mano que vistió mi alma, transportándome por caminos que jamás había pisado.
Me encuentro humilde más aun que cuando salí del parto,
No tengo más nada que ofrecer, que unos cuantos renglones.
Daniel Rocca

1 comentario:
Hola, interesante el texto, me agrada como escribes. Saludos te seguire visitando.
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